
“Noche negra”: Pilar Quintana vuelve a la selva para explorar la oscuridad humana
Leila RiveraPilar Quintana, una voz mayor de la literatura latinoamericana
Nacida en Cali en 1972, Pilar Quintana se consolidó como una de las narradoras más potentes de la literatura contemporánea en español. Antes de dedicarse de lleno a escribir, fue guionista de televisión y redactora publicitaria, y su primer libro, Cosquillas en la lengua (2003), ya anticipaba una escritura frontal, sin pudores.
Su consagración llegó con La perra (2017), ganadora del Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, y Los abismos (2021), que obtuvo el Premio Alfaguara de Novela. En ambos títulos, la autora desplegó un estilo de prosa contenida pero feroz, centrado en los abismos de la maternidad, la violencia y la naturaleza.
En forma, destaca su economía de prosa, precisión narrativa, capacidad para evocar ambientes (la selva, la costa, la ciudad, lo marginal) y personajes atrapados en sus deseos y miedos.

Una mujer sola, una selva y una oscuridad que se expande
Con “Noche negra” (Alfaguara, 2025), Quintana regresa a la selva —territorio físico y simbólico de su narrativa— para ofrecer su obra más tensa y sombría.
Rosa, la protagonista, abandona Cali para instalarse con su pareja irlandés en una casa frente al mar, en la costa pacífica colombiana. Cuando él debe ausentarse por unos días, ella queda sola: una luna menguante deja el paisaje sumido en la penumbra, los sonidos se vuelven amenazas, los vecinos son presencias ambiguas, y el aislamiento despierta viejos fantasmas.
En ese espacio donde la naturaleza se impone con una fuerza casi animal, Rosa enfrentará no solo el miedo exterior, sino también las grietas de su identidad: su relación con el racismo, con el deseo, con su propio cuerpo. Quintana transforma lo cotidiano en un territorio de tensión extrema, donde lo real se confunde con lo simbólico y lo psicológico.

Gótico tropical y violencia interior
“Noche negra” podría leerse como una novela de terror, pero su horror es íntimo: nace del miedo a perder los bordes del yo. El tono recuerda al de Shirley Jackson o a las atmósferas de Mariana Enríquez, aunque en clave colombiana y selvática.
La autora explora la idea de que la selva —esa “materia viva” que ya había aparecido en La perra— no es refugio, sino espejo: un organismo que respira junto a los personajes y los despoja de toda ilusión de control.
El racismo, la violencia doméstica, el colonialismo y la desigualdad social laten en el trasfondo, pero Quintana evita el panfleto. Su prosa, precisa y tensa, se sostiene sobre el ritmo del miedo: una oscuridad que avanza sin estridencias, hasta devorarlo todo.
La continuidad de una obra coherente y feroz
Desde “Coleccionistas de polvos raros” hasta “Los abismos”, Pilar Quintana ha desarrollado una narrativa obsesionada por los límites: entre lo humano y lo animal, lo civilizado y lo salvaje, lo materno y lo destructivo. Noche negra es la culminación natural de esa búsqueda.
Si en “La perra” la maternidad frustrada era el núcleo, aquí la maternidad simbólica —la de una mujer que cuida su propia supervivencia— adquiere un tono más radical. La selva, como siempre en Quintana, actúa como metáfora del inconsciente: exuberante, peligrosa, imposible de dominar.

Una escritora que mira de frente la oscuridad
Con “Noche negra”, Pilar Quintana reafirma su lugar entre las autoras más relevantes de la narrativa latinoamericana actual. Su mirada es incómoda, a veces brutal, pero profundamente humana: no ofrece redención ni consuelo, sino una comprensión lúcida de lo que somos cuando el miedo y la soledad nos dejan a oscuras.
En tiempos donde abundan las historias luminosas y complacientes, Quintana apuesta por la sombra, y su literatura (como la noche que describe) tiene el coraje de mirar de frente aquello que la mayoría preferiría no ver.


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