
“Los que se quedan” (2023): la melancolía de los olvidados y el regreso del gran cine humanista
Leila Rivera“Los que se quedan”: una joya humanista en tiempos de cinismo
Ambientada durante las vacaciones de Navidad de 1970, la película narra el encuentro forzado entre Paul Hunham, un profesor de historia clásica tan brillante como antipático; Angus Tully, un alumno inteligente y problemático abandonado por su familia durante las fiestas; y Mary Lamb, la cocinera del internado, devastada por la muerte de su hijo en la guerra de Vietnam.
Lo que inicialmente parece una comedia de convivencia se transforma gradualmente en un estudio de personajes marcado por la empatía. Payne evita los golpes bajos emocionales y apuesta por una construcción paciente, donde los vínculos se desarrollan a través de conversaciones, silencios y pequeñas revelaciones. La crítica internacional destacó precisamente esa humanidad desprovista de cinismo y la capacidad del director para mirar a sus personajes con afecto genuino.
La película posee además una rara cualidad en el cine contemporáneo: parece provenir de otra época sin caer en la nostalgia vacía. Su fotografía, su ritmo narrativo y hasta su diseño visual evocan el cine estadounidense de los años setenta, una influencia reconocida tanto por la crítica como por el propio equipo creativo.



Paul Giamatti y una interpretación para la historia
Si existe un corazón que sostiene la película, ese corazón es Paul Giamatti.
Su profesor Paul Hunham pertenece a la tradición de los grandes personajes gruñones del cine norteamericano: hombres que utilizan la inteligencia como escudo para ocultar heridas profundas. Lo notable es que Giamatti evita convertirlo en una caricatura. Cada gesto, cada comentario sarcástico y cada momento de vulnerabilidad construyen un personaje extraordinariamente complejo.
Numerosos críticos consideraron que se trata de una de las mejores actuaciones de su carrera.
La química con el debutante Dominic Sessa resulta igualmente fundamental. La relación entre ambos evita los lugares comunes del relato maestro-discípulo y encuentra un equilibrio perfecto entre confrontación, humor y afecto.
Aunque Giamatti concentra gran parte de la atención, la película encuentra una profundidad adicional gracias al trabajo de Da'Vine Joy Randolph.
Mary Lamb representa una de las heridas menos exploradas del cine estadounidense: las familias que perdieron hijos en Vietnam. Su dolor nunca se convierte en discurso; permanece presente en cada escena, transformando a la película en algo más que una historia navideña.
La actuación fue ampliamente elogiada y terminaría obteniendo el premio Óscar a Mejor Actriz de Reparto, consolidándose como uno de los pilares emocionales del film.

Fortalezas de “Los que se quedan”
David Hemingson construye una historia aparentemente sencilla que encuentra profundidad en los detalles cotidianos. La película evita la manipulación sentimental y permite que las emociones emerjan de manera orgánica.
La fotografía de Eigil Bryld, el vestuario y la dirección artística recrean con notable autenticidad la estética del cine norteamericano de la época. La película parece una obra descubierta en una cápsula del tiempo.)
Payne consigue algo difícil: hacer reír y conmover sin que ninguna de las dos dimensiones anule a la otra. La tristeza y el humor conviven de manera natural durante todo el metraje.

Debilidades de la película
Algunos críticos y espectadores señalaron que la historia sigue una estructura relativamente conocida dentro del cine de crecimiento personal. Aunque está ejecutada con gran oficio, varios de sus desarrollos pueden anticiparse.
Su apuesta por la observación y el desarrollo de personajes puede resultar exigente para quienes esperan una narrativa más dinámica o acontecimientos dramáticos constantes.
Incluso entre las comunidades cinéfilas de Reddit apareció un consenso llamativo: muchos espectadores valoraron que la película "gana" sus emociones en lugar de imponerlas, aunque otros cuestionaron cierta falta de originalidad en su estructura dramática.

Más que una película navideña
Reducir “Los que se quedan” a una comedia ambientada en Navidad sería un error. La película habla, en realidad, de aquellos seres humanos que han quedado al margen: un profesor despreciado, un adolescente abandonado y una madre devastada por el duelo.
Todos ellos son, en cierto sentido, sobrevivientes.
Por eso la obra de Alexander Payne trasciende la etiqueta de "película de temporada". Su verdadero tema es la necesidad humana de encontrar compañía en medio del aislamiento. En una época dominada por narrativas grandilocuentes y espectáculos digitales, “Los que se quedan” apuesta por algo mucho más difícil: la observación paciente de las personas.
Y precisamente allí, en esa modesta grandeza, reside su condición de clásico contemporáneo.


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