“Canelones”: humor negro, culpa y venganza en la película de Hernán Casciari que llegó a Flow

La adaptación del célebre relato de Hernán Casciari combina comedia negra, thriller y drama familiar en una historia atravesada por las consecuencias de una broma adolescente. Darío Barassi, Verónica Llinás, Agustín Aristarán y César Bordón encabezan un elenco que sostiene una película tan singular como irregular.
CulturaHace 49 minutosLeila RiveraLeila Rivera

Canelones: de cuento breve a película argentina

Hay historias que parecen pedir a gritos ser llevadas al cine y otras cuya eficacia depende, precisamente, de aquello que no cuentan. “Canelones”, basada en uno de los relatos más conocidos de Hernán Casciari, pertenece un poco a las dos categorías.

El proyecto tuvo, además, un recorrido singular. Nació como una miniserie dentro de Orsai Audiovisuales, el emprendimiento comunitario impulsado por Casciari, pero durante el proceso terminó transformándose en un largometraje. La película, dirigida por Christian Basilis y Ana Laura Gussoni, llegó a los cines argentinos el 6 de agosto y desde el 27 de agosto puede verse en Flow On Demand.

La historia parte de un episodio inspirado en hechos reales y de una vieja broma telefónica realizada por dos adolescentes. Décadas después, aquella travesura reaparece bajo una forma mucho más siniestra y obliga a sus protagonistas a enfrentarse con una deuda del pasado. Sin necesidad de revelar sus giros, alcanza con decir que el film convierte una anécdota aparentemente mínima en una historia de culpa, memoria y venganza.

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Hernán Casciari y el problema de adaptar un cuento

El principal desafío de “Canelones” está en su origen literario. El cuento de Casciari funciona a partir de la brevedad, la elipsis y aquello que el lector completa con su imaginación. La película, en cambio, necesita expandir ese universo y construir personajes, conflictos y situaciones capaces de sostener poco más de una hora y media.

Alejandro Lingenti señaló en La Nación precisamente ese problema: el relato original obtiene buena parte de su potencia de “la elipsis y de la culpa”, mientras que la adaptación amplía la anécdota hasta convertirla en un thriller de venganza. Su conclusión es matizada: la expansión puede sacrificar parte de la ambigüedad del cuento, pero también permite que la película construya una identidad propia.

Es una observación central para entender la película. “Canelones” no pretende ser una ilustración literal del cuento, sino una relectura. Y allí encuentra tanto sus aciertos como sus problemas.

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Una mezcla de comedia negra y thriller

Las críticas sobre “Canelones” coinciden en señalar como uno de sus rasgos centrales la combinación de distintos registros y géneros, aunque difieren en la valoración de esa apuesta. Por un lado, se observa que la película recorre diversos tonos sin terminar de consolidar un clima único, a lo que se suma una banda sonora que en determinados momentos puede resultar demasiado enfática.

También se destaca la transformación del relato en una historia de venganza y la presencia de un tono de comedia negra que atraviesa el film. Sin embargo, esta misma diversidad es valorada positivamente desde otra perspectiva, al considerar que la combinación de comedia, thriller y autobiografía está administrada con inteligencia desde el guion y constituye una de las principales virtudes de la película.

En definitiva, las distintas miradas convergen sobre un mismo aspecto: “Canelonesse arriesga a mezclar géneros y registros, una decisión que puede percibirse tanto como una virtud por su variedad y originalidad como una debilidad cuando se interpreta que dificulta la consolidación de un tono homogéneo.

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Una película sobre la culpa y las consecuencias

Más allá del misterio y de los mecanismos del thriller, “Canelones” encuentra su verdadero interés en una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar una broma y quién debe hacerse responsable de sus consecuencias?

La película convierte esa pregunta en una reflexión sobre las culpas heredadas, los daños que sobreviven a quienes los provocaron y la dificultad de cerrar episodios del pasado. En ese sentido, la anécdota deja de ser solamente una historia de venganza para transformarse en un relato sobre la imposibilidad de escapar completamente de aquello que hicimos cuando éramos demasiado jóvenes para medir sus consecuencias.

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¿Vale la pena ver “Canelones”?

“Canelones” no es una adaptación perfecta ni busca serlo. Su mayor debilidad surge precisamente de aquello que necesita hacer para convertirse en película: ampliar un relato cuya fuerza original residía en su concisión y su misterio.

Sin embargo, esa expansión también genera una obra con personalidad propia. La producción comunitaria de Orsai —realizada con el aporte de más de 5.000 socios— suma otro elemento interesante a una película que, más allá de sus resultados artísticos, propone una manera alternativa de producir cine argentino.

Tal vez esa disparidad sea apropiada para una película difícil de encasillar. “Canelones” puede verse como una comedia negra, un thriller doméstico o una historia sobre la culpa. Pero, por encima de todo, es el intento de convertir una pequeña historia literaria en una experiencia cinematográfica más grande, sin perder del todo aquello que la hizo memorable: la incómoda certeza de que algunas bromas terminan mucho después de que dejamos de reírnos.

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