
“El buen retiro”: una comedia negra que reivindica la vejez sin renunciar al suspenso
Leila Rivera

¿De qué trata “El buen retiro”?
La historia comienza cuando Norma convence a su hijo Martín de cumplir un viejo deseo: compartir sus últimos años con sus tres mejores amigas bajo el mismo techo. Julieta, Lili y Elsa aceptan la propuesta, convencidas de que la convivencia será una forma de enfrentar juntas la vejez. Sin embargo, la llegada a la antigua casona donde transcurre la acción pronto revela que todas guardan secretos capaces de alterar ese frágil equilibrio.
A partir de esa premisa, la serie desarrolla una trama que combina humor ácido, intriga y emoción sin depender de grandes golpes de efecto. Cada episodio incorpora nuevos indicios y conflictos, pero evita convertir el misterio en el único motor del relato. Lo verdaderamente importante son los vínculos entre estas mujeres, marcados por décadas de complicidades, resentimientos, culpas y afectos.

Una comedia sobre la vejez que evita los lugares comunes
Uno de los mayores méritos de “El buen retiro” consiste en negarse a representar la tercera edad desde la lástima o la idealización. Sus protagonistas conservan deseos, contradicciones, impulsos y sentido del humor. Son mujeres que discuten, se equivocan, toman decisiones arriesgadas y siguen intentando controlar su destino.
La serie entiende que envejecer no significa dejar de vivir, sino enfrentar nuevas formas de libertad y nuevas vulnerabilidades. Ese enfoque la diferencia de muchas producciones donde los personajes mayores funcionan apenas como apoyo emocional para generaciones más jóvenes.
Al mismo tiempo, el relato introduce cuestiones como la dependencia, la soledad, la relación con los hijos, las herencias y el miedo al abandono, integrándolas de manera orgánica dentro de una narración que nunca pierde su tono lúdico. La convivencia se convierte así en un laboratorio donde aparecen tanto las pequeñas miserias como las grandes lealtades.

Un elenco excepcional al servicio de la historia
Si la serie funciona con tanta naturalidad es, sobre todo, por la calidad de su reparto.
Mirta Busnelli aporta a Norma una mezcla de determinación, ironía y fragilidad que evita cualquier simplificación. Betiana Blum vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad para alternar comedia y emoción sin abandonar nunca la verdad del personaje. Claudia Lapacó y María Leal completan un cuarteto cuya química resulta completamente creíble, construyendo la sensación de una amistad atravesada por décadas de historia compartida.
Luciano Castro, en un registro muy diferente del que suele frecuentar, interpreta al hijo de Norma con una sobriedad que equilibra el predominio de las protagonistas. El sólido elenco secundario —con Gustavo Garzón, Raúl Rizzo, Mónica Cabrera, Brenda Gandini y Mercedes Scápola, entre otros— amplía el universo narrativo sin eclipsar el protagonismo de las cuatro amigas.

Entre la comedia negra y el policial
La combinación de géneros constituye otro de los aciertos de la producción.
“El buen retiro” incorpora progresivamente elementos propios del thriller y del policial. Esa mezcla mantiene el interés durante los ocho episodios y evita que la serie se limite a una sucesión de situaciones cotidianas.
La dirección de Pedro Levati aprovecha muy bien los espacios de la vieja casona, transformándolos en un escenario donde cada habitación parece guardar recuerdos, silencios o amenazas. La fotografía apuesta por una estética sobria y cinematográfica, mientras que el montaje sostiene un ritmo ágil sin sacrificar el desarrollo de los personajes.

Una reflexión sobre el tiempo y la amistad
Más allá del suspenso, la serie termina hablando de algo mucho más universal: el valor de los vínculos construidos durante toda una vida.
Las protagonistas descubren que convivir implica volver a negociar afectos, aceptar diferencias y enfrentar heridas que nunca terminaron de cicatrizar. El pasado pesa sobre cada decisión, pero la narración evita instalarse en la nostalgia permanente. Hay espacio para la risa, para la ternura y para la posibilidad de reinventarse incluso cuando parece que todas las oportunidades han quedado atrás.

Recepción crítica: una de las sorpresas de la ficción argentina de 2022
La recepción fue claramente positiva tanto entre el público como en la prensa argentina.
Los comentarios críticos coincidieron en destacar varios aspectos: la solidez del elenco, el equilibrio entre humor negro, drama y suspenso, y la decisión de colocar en el centro del relato a mujeres mayores sin recurrir a estereotipos.
Una ficción pequeña que deja una impresión duradera
Sin recurrir a grandes artificios narrativos ni a efectos de impacto, la serie demuestra que todavía es posible construir historias originales a partir de personajes bien escritos y actores de enorme oficio. Es, además, una reivindicación de la ficción argentina capaz de combinar entretenimiento y sensibilidad, y un recordatorio de que la vejez puede ser también un territorio fértil para el suspenso, la comedia y las segundas oportunidades.


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