“El bastardo” (2023): la epopeya danesa que convirtió la conquista de una tierra en una batalla por la dignidad

Con una interpretación monumental de Mads Mikkelsen, la película de Nikolaj Arcel recupera el espíritu del gran cine histórico clásico y lo fusiona con el western, el drama social y la reflexión sobre la ambición humana. Estrenada en 2023 y conocida internacionalmente como The Promised Land, esta producción danesa fue una de las grandes sorpresas del cine europeo reciente y consolidó el regreso de Arcel a la primera línea cinematográfica. Disponible en Flow. 
Cultura04 de junio de 2026Leila RiveraLeila Rivera

“El bastardo”: un western nórdico sobre la lucha de clases

Ambientada en la Dinamarca de 1755, “El bastardo” sigue a Ludvig Kahlen, un ex capitán del ejército que busca convertir los páramos estériles de Jutlandia en tierras productivas. A cambio, espera obtener un título nobiliario y el reconocimiento social que le ha sido negado durante toda su vida debido a sus orígenes.

Lo que comienza como una empresa agrícola se transforma pronto en una guerra personal contra el terrateniente Frederik de Schinkel, representante de una aristocracia violenta que considera la tierra y las personas como propiedades privadas. El conflicto adopta entonces una dimensión política y moral: el enfrentamiento entre mérito y privilegio, trabajo y linaje, progreso y feudalismo.

Arcel filma esta historia como si estuviera construyendo un western escandinavo. Los extensos paisajes ventosos sustituyen a las praderas estadounidenses, mientras que la lucha por domesticar un territorio hostil recuerda tanto al cine de frontera como a las epopeyas históricas europeas. Diversos críticos han señalado precisamente esa capacidad de fusionar géneros tradicionales con una sensibilidad contemporánea.

Cuarta

Mads Mikkelsen: un héroe silencioso y extraordinario

El principal sostén de la película es, sin discusión, Mads Mikkelsen. Su Ludvig Kahlen pertenece a la estirpe de los grandes personajes lacónicos del cine clásico: hombres endurecidos por la experiencia, capaces de soportar la adversidad sin exhibir sus emociones. Sin embargo, el actor introduce gradualmente pequeñas grietas en esa armadura hasta revelar a un individuo mucho más vulnerable de lo que aparenta.

La crítica internacional destacó casi de manera unánime esta interpretación. Time Out habló de una actuación construida desde el minimalismo expresivo y consideró que Mikkelsen transmite la evolución emocional del personaje mediante gestos casi imperceptibles.

También numerosos comentarios de espectadores y críticos coincidieron en señalar que el actor domina la pantalla con una presencia magnética, convirtiéndose en el centro emocional de una historia que podría haber quedado atrapada en los convencionalismos del drama histórico.

El personaje de Frederik de Schinkel, interpretado por Simon Bennebjerg, se convierte en una presencia perturbadora y fascinante. Numerosos críticos destacaron la intensidad de su composición.

Quinta

Una puesta en escena de enorme belleza visual

Uno de los mayores logros de “El bastardo” es su construcción visual.

La fotografía de los páramos daneses transmite simultáneamente hostilidad y fascinación. La tierra se convierte en un personaje más: un espacio que resiste, castiga y pone a prueba a quienes intentan dominarlo.

La dirección artística reconstruye con notable precisión la Dinamarca rural del siglo XVIII, mientras que el diseño de producción establece un contraste permanente entre la pobreza de los colonos y la opulencia decadente de la nobleza. Diversas reseñas destacaron la meticulosidad de esta recreación histórica y la potencia de sus paisajes.

Tercera

Debilidades de la película

Algunos personajes secundarios quedan poco desarrollados

Aunque el núcleo dramático funciona con precisión, ciertos personajes aparecen definidos de forma más esquemática que compleja. Algunos críticos consideraron que el antagonista, pese a su impacto, termina siendo demasiado unidimensional.

Subtramas que no alcanzan todo su potencial

Parte de la crítica observó que algunos elementos narrativos —particularmente los relacionados con la niña romaní y ciertas derivaciones románticas— no terminan de integrarse con la misma fuerza que el conflicto principal.

Un desarrollo algo previsible

La estructura clásica que constituye una de sus virtudes también puede convertirse en una limitación. Algunos espectadores señalaron que ciertos giros dramáticos resultan anticipables para quienes conocen los códigos del western o del cine histórico tradicional.

Segunda

Un relato sobre la tierra, el poder y la identidad

Más allá de su apariencia de aventura histórica, “El bastardo” habla de algo profundamente contemporáneo: la lucha por construir una identidad propia frente a estructuras sociales que parecen inamovibles.

La tierra que Ludvig Kahlen intenta cultivar es también una metáfora de sí mismo. Ambos son considerados improductivos, imposibles, indignos. La grandeza de la película consiste en mostrar cómo la perseverancia puede transformar aquello que la sociedad da por perdido.

Por eso “El bastardo” trasciende el mero drama de época. Es una reflexión sobre la movilidad social, la dignidad del trabajo y el precio de la ambición. Y en el centro de todo permanece la figura imponente de Mads Mikkelsen, sosteniendo con una mezcla de dureza y humanidad una de las mejores interpretaciones de su carrera reciente.

 

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