“Las poseídas”, de Betina González: el colegio católico como laboratorio del deseo y el espanto

A través de una prosa filosa y una atmósfera asfixiante, “Las poseídas” de Betina González se consagra como una pieza fundamental del nuevo gótico rioplatense, explorando el fin de la inocencia en un internado de los años 80.
Cultura16 de mayo de 2026Leila RiveraLeila Rivera

Hay novelas que narran el despertar adolescente y otras que desentierran aquello que la adultez preferiría mantener sepultado. “Las poseídas”, de Betina González, pertenece a esa segunda especie: libros donde la memoria se vuelve una zona pantanosa y donde la iniciación sentimental aparece contaminada por la violencia social, la culpa religiosa y los fantasmas de una época.

Publicada en 2013 y ganadora del VIII Premio Tusquets Editores de Novela, la obra construye una atmósfera asfixiante y magnética alrededor de un colegio católico femenino del norte bonaerense en los años posteriores a la última dictadura militar. El resultado es una narración que mezcla novela de formación, thriller psicológico, relato gótico y crítica social con una prosa de rara intensidad. El jurado del Premio Tusquets destacó “la escritura envolvente y original” y la “recreación poco complaciente del despertar sexual de la adolescencia”.

primera

Quién es Betina González: una de las voces más singulares de la narrativa argentina

Nacida en Buenos Aires en 1972, Betina González es doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh, además de profesora e investigadora en la Universidad de Buenos Aires. Antes de “Las poseídas”, ya había obtenido reconocimiento por Arte menor, novela con la que ganó el Premio Clarín en 2006. También publicó libros de cuentos y novelas donde suelen aparecer identidades fracturadas, climas inquietantes y personajes desplazados.

La crítica ha señalado, precisamente, esa capacidad para combinar registros: el intimismo psicológico, la observación política y una sensibilidad cercana al fantástico. En “Las poseídas”, esas búsquedas alcanzan quizá su forma más lograda.

segunda

Resumen de “Las poseídas” (sin spoilers)

La narradora, María de la Cruz López, recuerda sus años de adolescencia en un colegio religioso para chicas durante la transición democrática argentina de los años 80. Todo cambia con la llegada de Felisa Wilmer, una alumna recién llegada de Londres, extraña, sofisticada y perturbadora, que altera el equilibrio interno del grupo.

Entre rumores escolares, leyendas oscuras, sexualidad emergente y un clima de paranoia apenas disimulado, la amistad entre ambas se vuelve el eje de una historia donde el deseo y el miedo avanzan juntos. A medida que López intenta comprender a Felisa, también empieza a descubrir las grietas morales de los adultos y la violencia latente de una sociedad recién salida del horror dictatorial.

La novela evita el golpe efectista y apuesta por una tensión lenta, casi hipnótica. Lo verdaderamente inquietante no son los hechos extraordinarios, sino aquello que las adolescentes perciben —aunque todavía no puedan nombrarlo— sobre el mundo de los mayores.

tercera

El gótico argentino y la política del cuerpo femenino

Uno de los mayores aciertos de la novela es su clima. El colegio religioso funciona como un territorio cerrado donde conviven rezos, jerarquías, pulsiones sexuales y secretos familiares. Hay ecos del cine de internados, pero también una marca profundamente argentina: la sensación de que el terror histórico se filtra en la vida cotidiana.

La recepción de la obra ha sido unánime en destacar la capacidad de González para hibridar géneros. El jurado del Premio Tusquets —integrado por nombres de la talla de Juan Marsé y Almudena Grandes— elogió su "destreza narrativa para recrear un mundo adolescente sombrío y original".

·         El País (España): Ha señalado que la novela funciona como un espejo retrovisor hacia una Argentina post-dictadura, donde la violencia social se sublima en los juegos psicológicos de las protagonistas.

·        Crítica literaria especializada: Muchos coinciden en que González evita los clichés del terror sobrenatural para enfocarse en una "posesión" mucho más real: la de la identidad en formación, la sexualidad incipiente y el poder manipulador de la inteligencia.

"No es una novela sobre fantasmas, es una novela sobre cómo nos habitan las ausencias y las represiones", se ha dicho sobre esta obra que, catorce años después de su publicación, sigue sintiéndose peligrosamente actual.

cuarta

Por qué “Las poseídas” sigue siendo una novela actual

A más de una década de su publicación, la novela conserva una potencia notable porque dialoga con discusiones contemporáneas sobre género, educación religiosa, salud mental y memoria histórica sin convertirse nunca en literatura programática.

La escritura de González evita el didactismo y apuesta por la ambigüedad. Felisa, en particular, permanece como uno de esos personajes que desbordan cualquier definición sencilla: víctima y amenaza, mito escolar y adolescente rota, figura romántica y síntoma político.

En tiempos donde abundan las narrativas de iniciación formuladas desde el cliché generacional, “Las poseídas” todavía incomoda. Y acaso allí radique su mayor virtud: recordar que crecer no siempre implica iluminarse, sino aprender a mirar la oscuridad sin apartar los ojos.

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