
El puente de la Ruta 5 y la “escalera” del Talamochita: las hazañas de ingeniería detrás de los diques de Calamuchita


La transformación del paisaje
Las tareas recientes de mantenimiento y refuerzo realizadas por Vialidad Provincial en el puente que cruza sobre el sector del vertedero del Embalse Río Tercero permiten volver la mirada sobre una infraestructura que forma parte de un sistema de ingeniería mucho más amplio.
El puente se encuentra sobre el curso del río, en el sector donde funciona el vertedero principal del embalse. Allí, cuando el nivel del agua supera la cota correspondiente se produce una espectacular cascada artificial que Sigismondi describe como una “especie de cascada gigante”.
“El embalse del río Tercero tiene un vertedero principal que es un muro de piedra que forma una especie de cascada gigante que es espectacular”, explicó el geógrafo durante la entrevista con Calamuchita en radio.
El agua ingresa luego en un canal construido artificialmente para conducirla hacia aguas abajo. La particularidad de ese lugar se vuelve todavía más evidente cuando se observa su construcción, ya que lo que actualmente es parte del paisaje no estaba allí originalmente: el enorme canal por donde circula el agua fue excavado como parte de la obra.
“Todo ese canal, todo eso que uno aprecia ahí no existía en la naturaleza”, señaló Sigismondi. La roca extraída durante la excavación fue aprovechada para construir el propio paredón del embalse.

Un dique construido con la propia montaña
A diferencia de otras grandes obras hidráulicas como el Dique Los Molinos, cuyo paredón es de hormigón, el Embalse Río Tercero fue construido con lo que técnicamente se denomina “materiales sueltos”.
Sigismondi explicó que el paredón está formado por tierra y otros materiales extraídos durante la ejecución de la obra. La decisión de aprovechar el material obtenido revela la dimensión de la planificación que existió detrás de la construcción.
“Acá vamos a hacer el vertedero, pero justamente, ¿por qué lo vamos a hacer en ese lugar? Porque todo el material que saquemos o la mayoría de ese material lo vamos a acumular para formar el paredón”, relató.
La obra, además, fue ejecutada en una época en la que los recursos tecnológicos disponibles eran muy diferentes a los actuales. Para construir el embalse se llegó a montar un sistema ferroviario destinado a trasladar el material extraído hasta el lugar donde se conformaba el paredón.
“Para construir el embalse del río Tercero se hizo un tren”, contó Sigismondi. Ese sistema contaba con vagones y tolvas que trasladaban el material y permitían avanzar progresivamente con la construcción del muro.
Para el geógrafo, estos detalles permiten dimensionar la magnitud de una obra que actualmente forma parte del paisaje cotidiano de Calamuchita, pero que en el momento de su construcción representó una verdadera hazaña.

El Talamochita como una escalera de diques
El Embalse Río Tercero no puede entenderse de manera aislada. Forma parte de un sistema de aprovechamiento de la cuenca del río Talamochita que se fue desarrollando durante buena parte del siglo XX.
Sigismondi sostiene que el río constituye uno de los ejemplos más destacados de aprovechamiento hidroeléctrico, a partir de una sucesión de diques y centrales que se ubican siguiendo el desnivel natural del territorio.
“El río Talamochita se transforma en un ejemplo no solamente argentino, a nivel mundial, de un aprovechamiento hidroeléctrico donde se construyen, yo siempre lo menciono, lo comparo con los peldaños de una escalera”, explicó.

En ese sistema se construyeron seis diques a lo largo de la cuenca, desde la zona de Cerro Pelado hasta Almafuerte, conformando una sucesión de embalses y centrales hidroeléctricas. El conjunto permite aprovechar un desnivel de más de 500 metros.
La imagen de la escalera resulta útil para comprender el funcionamiento del sistema: cada embalse constituye un nuevo escalón dentro del recorrido del agua y, en distintos puntos, permite generar energía hidroeléctrica.
Pero no se trata de seis obras iguales. Por el contrario, cada una corresponde a una etapa diferente de la historia de la ingeniería. “Cada uno de ellos significa un período histórico, significa un avance de la tecnología, de la ciencia y significa, por lo tanto, una forma de construir, una forma de generar energía hidroeléctrica, una forma de relacionarse con la naturaleza muy diferente”, explicó.

De la Segunda y Tercera Usina al Piedras Moras
Dentro de ese sistema, Sigismondi identifica distintas obras que permiten observar esa evolución. Aguas abajo del Embalse Río Tercero se encuentran estructuras vinculadas con la Segunda y Tercera Usina, mientras que Piedras Moras constituye uno de los últimos escalones del sistema sobre el Talamochita.
La Tercera Usina presenta una diferencia constructiva respecto del paredón del Embalse Río Tercero: en este caso, se trata de una estructura de hormigón. “La Tercera Usina ya se corresponde prácticamente a la gran obra de la primera etapa”, explicó Sigismondi, y señaló que allí se encuentra una de las principales centrales hidroeléctricas del sistema.
Piedras Moras, por su parte, constituye uno de los últimos embalses de la sucesión. Allí se incorporó posteriormente una pequeña central hidroeléctrica que comenzó a generar energía después de varios años sin contar con esa instalación.
El sistema se completa aguas arriba con obras de características todavía más complejas, como Río Grande, Cerro Pelado y Arroyo Corto. En este sector aparece otra de las particularidades de la infraestructura hidroeléctrica de Calamuchita: una central construida en caverna, ubicada bajo tierra, y un sistema de bombeo destinado a almacenar nuevamente el agua.
Sigismondi describe estas obras como “técnicamente fabulosas” y destaca particularmente la central ubicada a unos 130 metros de profundidad, a la que se accede mediante túneles.

Una obra que todavía puede leerse en el territorio
Para Sigismondi recorrer el sistema permite descubrir una infraestructura que muchas veces queda oculta detrás del paisaje turístico. Un puente, un paredón, un canal o una central dejan de ser elementos aislados cuando se comprende cómo forman parte de un sistema hidráulico concebido para aprovechar las características geográficas de la cuenca.
Se trata de un circuito que requiere tiempo y conocimiento, tal es así que durante una visita que el geógrafo realizó con un grupo, recorrieron las distintas obras durante tres días y, aun así, el tiempo resultó insuficiente. La razón, explicó, es la cantidad de elementos que pueden observarse en cada lugar: desde los paredones y vertederos hasta los conductos, las chimeneas de equilibrio y las centrales.

El puente de la Ruta 5, en ese sentido, puede ser mucho más que un punto de paso. Desde allí es posible observar el embalse aguas arriba, el vertedero y el canal artificial aguas abajo y comprender cómo una obra de ingeniería transformó la geografía para conducir y aprovechar el agua.
La intervención reciente sobre el puente vuelve visible una parte de ese patrimonio de infraestructura que continúa formando parte de la vida cotidiana de Calamuchita. Para Sigismondi, conocerlo implica también aprender a mirar de otra manera aquello que durante décadas estuvo incorporado al paisaje.
La “escalera” del Talamochita no es solamente una sucesión de lagos y diques. Es el resultado de distintas generaciones de obras, tecnologías y conocimientos que fueron aprovechando el desnivel de la cuenca para producir energía. Una hazaña de ingeniería que merece recorrerse, observarse y comprenderse sobre el territorio.


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