
Pablo Sigismondi: “No somos los dueños, somos los herederos”. Los Siete Lagos de Calamuchita como recorrido turístico, educativo y político


Más allá del turismo
La promoción oficial del denominado “trayecto de los Siete Lagos” de Calamuchita vuelve a poner la mirada sobre uno de los principales conjuntos de obras hidroeléctricas de la provincia de Córdoba. Para Pablo Sigismondi, geógrafo y viajero que ha recorrido el circuito, la propuesta tiene un enorme potencial, pero requiere ser abordada desde una perspectiva que trascienda la recreación turística.
“Solamente este año he llevado un grupo a recorrer y visitar todos estos siete diques, que en realidad son ocho”, explicó durante una entrevista con Calamuchita en Línea. Y destacó que el circuito posee “una riqueza tanto histórica como geográfica” que merece ser conocida para que pueda transformarse “más allá de lo turístico, en un producto que revalorice nuestra geografía, nuestra cultura, nuestra historia, pero que también sirva de educación”.
Para Sigismondi recorrer los embalses implica también reconocer el contexto en el que fueron construidos y comprender las decisiones que existieron detrás de esas obras. “Eso no fue construido al azar, no fue construido porque sí y fue construido por el Estado”, sostuvo, al considerar que esta dimensión resulta especialmente relevante en el presente.

Una infraestructura pensada para un proyecto de país
El circuito permite reconstruir una parte central de la historia del desarrollo de Calamuchita y de Córdoba. Según explicó Sigismondi, los embalses tuvieron entre sus objetivos la regulación de los caudales de los ríos y la generación de energía hidroeléctrica. También tuvieron una dimensión recreativa, a partir de la creación de lagos artificiales, pero la producción de energía constituyó uno de sus principales propósitos.
“La más importante, trascendente, era la generación de energía hidroeléctrica”, afirmó. En ese sentido, remarcó que actualmente existe una mayor conciencia sobre el valor de este tipo de generación energética por tratarse de una fuente limpia y renovable.
La construcción de estas obras debe entenderse, según el geógrafo, dentro de una política de desarrollo que atravesó buena parte del siglo XX. En Córdoba, el antecedente del Dique San Roque ya mostraba la importancia que adquiría la generación hidroeléctrica. Posteriormente, el estudio y aprovechamiento de la cuenca del río Talamochita dio lugar a una sucesión de embalses y centrales que se fueron construyendo a lo largo de décadas.

Revalorizar el papel del Estado
El recorrido también abre, para el geógrafo, una discusión sobre el papel del Estado como constructor y administrador de infraestructura estratégica. Las grandes obras hidroeléctricas de Calamuchita fueron concebidas y ejecutadas en un período en el que la infraestructura energética era entendida como una herramienta para el desarrollo.
“Me parece que es fundamental que no sea visto solamente como un circuito turístico, sino que sea visto como un espejo de lo que fuimos, lo que somos, lo que podríamos ser si seguimos una senda y lo que estamos a tiempo de recuperar”, planteó.
Para Sigismondi, esa mirada resulta especialmente significativa en un contexto en el que se discute el alcance de la acción estatal. Su planteo es que las obras permiten observar materialmente los resultados de políticas públicas sostenidas durante décadas y, al mismo tiempo, recuperar la memoria de quienes las construyeron. “No nació por magia, nació porque hubo gente que puso el lomo”, afirmó, al recordar las condiciones en las que trabajadores, técnicos e ingenieros participaron de la construcción de los embalses.
La infraestructura, además, generó comunidades alrededor de las obras. El Estado no solamente construyó diques y centrales: también desarrolló viviendas, hospitales y escuelas para quienes trabajaban en esos emprendimientos. En ese sentido, la recuperación del trayecto de los Siete Lagos puede convertirse en una oportunidad para volver a mirar esas construcciones como parte de un patrimonio colectivo.
“Somos los herederos que tenemos la obligación de preservar para los que nos siguen, para las generaciones que nos siguen todo esto que hemos heredado”, sintetizó Sigismondi. Así, el recorrido puede ser mucho más que una nueva propuesta turística: puede convertirse en una forma de recorrer el territorio para comprender cómo se construyó, qué proyecto de desarrollo estuvo detrás de sus grandes obras y qué lugar ocupó —y puede volver a ocupar— el Estado en esa historia.
Sigismondi utiliza una imagen para explicar la particularidad de este sistema: “El río Talamochita se transforma en un ejemplo no solamente argentino, a nivel mundial, de un aprovechamiento hidroeléctrico donde se construyen, yo siempre lo menciono y lo comparo con los peldaños de una escalera”.
Cada uno de esos “peldaños” tiene, además, características propias. Los diques no constituyen simplemente una sucesión de paisajes similares, sino que permiten observar distintas etapas de la evolución tecnológica y de la ingeniería. “Cada uno de ellos significa un período histórico, significa un avance de la tecnología, de la ciencia y significa, por lo tanto, una forma de construir, una forma de generar energía hidroeléctrica, una forma de relacionarse con la naturaleza muy diferente”, explicó.

Mucho más que lagos y paisajes
Desde esta perspectiva, el circuito adquiere un valor educativo particular. Para Sigismondi, visitar las obras permite comprender cómo una infraestructura construida hace décadas estuvo vinculada con un proyecto de desarrollo nacional.
El geógrafo recordó que la energía producida por estos sistemas fue parte de las condiciones que posibilitaron posteriormente el crecimiento industrial de Córdoba. “La energía es parte de lo que ha hecho que la Argentina después se pudiera desarrollar industrialmente”, señaló, y vinculó esa disponibilidad energética con la instalación de industrias metalmecánicas, automotrices y la Fábrica Militar de Aviones en la provincia.
Por eso considera que el recorrido puede convertirse en una herramienta para comprender una parte de la historia argentina que muchas veces permanece invisible detrás del paisaje. “No vamos a ver paredones y lagos y nada más. Vamos a ver muchísimas otras cosas”, sostuvo.
En esa misma línea, planteó la necesidad de que el circuito sea pensado también como un espacio de aprendizaje para las nuevas generaciones. “Es fundamental que los niños, que los jóvenes, que los estudiantes de ingeniería, que los estudiantes de la universidad, entiendan, vean todo esto”, afirmó.
La propuesta, entonces, no se limita a conocer las características de los embalses. Implica acercarse físicamente a las obras para comprender su escala, su funcionamiento y el esfuerzo que demandó su construcción. “Acá hay que salir a recorrer, hay que mojarse, hay que embarrarse, hay que tener el agua en la piel, hay que vivirlo, hay que sentirlo”, expresó Sigismondi.


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